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Cuando la escasez aprieta. Es entonces cuando sale a relucir el supuesto interés por lo que presuntamente concierne a todos a la vez. Suele ser mentira. No conozco un caso en el que A Coruña, Santiago de Compostela u otra ciudad gallega haya salido en defensa de Ferrol por cualquier cosa.

Sí, existe un imperdonable afán localista en Galicia, pero se ha forjado por los odios entre comarcas que no hemos alimentado los que ahora estamos empujando este país. Recordemos aquella ocasión en la que un célebre alcalde coruñés quiso tranquilizar a la población alegando que el humo de una catástrofe iba hacia la urbe naval.

No, no estamos tan lejos de aquello, que en ocasiones deriva hacia un simplista reto cuando los equipos de fútbol se han encontrado de nuevo en un campo. No ocupa ni preocupa el tren, tampoco el básico bus que nos une por exigencia.

Díganme a cuántas personas de A Coruña les pica la curiosidad por descubrir playas de mar abierto que están a pocos kilómetros al norte. A muy pocos. En cambio, un gran grupo de ferrolanos se ha vestido de una falsa modernidad para pisar suelo que no les resulta completamente conocido.

Como si todo se cociese en la capital de la provincia (que alguien me explique en qué consiste esa división administrativa y para qué sirve en 2022). Los que en Ferrol completan una vida que parece de tapadillo se desnudan fuera de puertas y llenan sus redes sociales de imágenes.

Algo así como si tuviesen que presumir de lo ajeno y no sintiesen el mínimo
orgullo por lo propio. Lees periódicos y nunca recomiendan bares o restaurantes de aquí, todo lo innovador está con la AP-9 como aliada. No necesito que estén llenos ni las calles a rebosar a cualquier hora, es la realidad de este lugar. Asumirla y trabajar contra ella, no hay más.

Quizá lo que ocurre es que el dinero empuja, que aquí no hay bolsillo que alimente el artificial efecto de que todo es perfecto al sur y todo se hunde en la casa de uno.

Hay quien protesta por el excesivo protagonismo de Madrid en los medios de comunicación nacionales, díganme cuántas veces ha salido en uno de alcance autonómico el alcalde de Ferrol hablando tan siquiera de si llueve o hace sol esa mañana. Porque de otros regidores gallegos escucho hasta lo que opinan sobre el sexo de los ángeles.

No entraré en la triste realidad interna de que el recorte en el empleo en la prensa ha golpeado con mucha más crudeza a Ferrolterra por su irrelevancia de cara al exterior mientras en otras plazas no es que se quejen de vicio, no, pero la comparación resulta odiosa. Anularnos, esa es la meta. Y en la cabecera de comarca, eso sí, también hay que aplicarse el cuento.

De los 64.000 habitantes de Ferrol a los 1.000 de Cerdido, no cabe superioridad o creer que unos importan más que otros. Provincia, área metropolitana… eufemismos para contarnos que como ya no hay tanta riqueza por repartir nos unamos para que acabe ganando el de siempre y pierda el de todos los días. No cuenten conmigo. Pidamos y defendámonos.