Opinión

Juventud

por Jon López

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Opinión

Juventud

por Jon López

Bendita, pero no eterna. Todos los que paséis la barrera de los 30 y queráis consolaros pensando que una persona siempre será joven mientras su mente así se sienta, que los mejores años de vuestra vida empiezan ahora, que sois más experimentados, maduros y que eso os proporciona un estado mayor de felicidad; erráis, os confundís, os contentáis a vosotros mismos, ¡mal!
Siento ser así de drástico y estar jodiéndoos la mañana/tarde/noche, el día en general o el próximo lustro, pero, la realidad es que los mejores años de nuestra vida han sido y serán ‘per sempre’ los correspondientes a la post-adolescencia. Esa franja que oscila entre los 18-25 (como mucho) lo sabéis, y el resto lo sospecha.
“Aiiiinsss….juventud, tú que me has brindado los mejores años de mi vida, tú que me has ofrecido momentos de diversión extremos, tú que me catapultabas a estados de despreocupación inmensos, tú que me hacías ver la vida en tonalidades llamativas (sobre todo bajo los efectos de ciertos psicotrópicos), tú que…tú” (breve ensayo a la juventud, por Jon López).
Imposible volver a atrás, aunque yo estoy trabajando en un transportador de partículas para el fin, pero me da que me queda aún un largo camino por recorrer y unas cuantas ecuaciones de noveno grado por descifrar.
A mí, personalmente, esta maravillosa época me tocó vivirla entre los años 2006/2008, así lo quiso el cosmos, el azar y que mi madre tuviera a bien darme a luz unos cuantos años atrás. Me sudaba tanto la polla todo, que llegué a vivir en un mundo paralelo al real, deambulaba por una dimensión en la cual yo era su único habitante, con mis propias leyes y el dueño de mi propio reino. Luego me dio por echarme novia y ya todo se fue a la mierda, tuve que empezar a compartir mis dominios y en fin, eso ya es otro tema aparte, y a mí no me pagan por mezclar argumentos.
Como iba diciendo, los estados de felicidad que te aportan la juventud, son equiparables a, no sé… poder acabar un álbum de la liga de Panini sin tener que pedir ningún cromo por correo, por ejemplo. Hacías el mal por vicio, te emborrachabas cuando te venía en gana y llegabas a cualquier clase de la universidad a sudar la resaca… ahí ya es el “top” del desmadre y cachondeo máximo para todo joven que se precie. Vivencias inolvidables, borracheras épicas, días que pasaban entre tabaco, porros, un ordenador y el “pro evolution soccer 2008”, gente cojonuda, putadas varias en la residencia universitaria, noches de estudio entre litros de “red bull”, ojeras de una semana, ligues para el recuerdo, o para el olvido, hay de todo, y un amplio etc… que todo universitario recuerda con gran cariño, y que algún día, le contará a sus nietos cuando sus padres no estén delante para decirle al viejo que no le de mal ejemplo al pobre niño inocente.
¿Quién no tiene mil batallas qué contar a partir de una determinada edad?
Pero las cosas cambian, uno crece, le obligan a madurar, lo presionan para hacerse una persona de bien, luego viene la crisis y te das cuenta de que tenías que haber seguido emborrachándote en esa cama, con esos tíos tan graciosos unos cuantos años más.
La verdad, es que sólo nos queda mirar al pasado con nostalgia, aferrarnos a lo que fuimos y ya no somos y comprobar como las generaciones más jóvenes recogen nuestro legado pisando muy, pero que muy fuerte. Decir que yo me creía el más malo de mi pueblo por quemar un contenedor y ahora vienen cuatro chavales ingleses a calcinar la isla de Sa Porrassa, en Magaluf. Eso sí que es tener un par de buenas pelotas, yo, sinceramente, me quito el sombrero. Me imagino la cara de esos críos cuando lleguen a las islas británicas y los reconozcan tras haber abrasado media isla en España por un descuido con una colilla, cuando menos, con el pecho más hinchado que un globo aerostático. “A todo hay quien te gane”.
Creo que lo voy a ir dejando aquí, porque me estoy viniendo un poco abajo, pero no sin antes aprovechar mi posición en este espacio para transmitir un mensaje a los más jóvenes: Chavales, chavalas, disfrutad de vuestra juventud, no va a volver. Follad, bebed, saltaros algunas clases en la facultad, salid a descubrir el mundo, entrad en una casa por la ventana del salón para hurtar material con el único objetivo de construir una cabaña para emborracharos y escaparos por una minúscula ventana del baño ante la inminente llegada de los dueños (por lo que me han contado, eh…). Tendréis tiempo a madurar, a tener que buscar trabajo, a buscaros la vida y a vivir la parte más fea de la realidad. Y ante todo, tendréis tiempo a que un niño cabrón os llame ‘señor’ por la calle.

Jon López

Iba para John Dillinger, pero como está feo robar me quedé en Jon López. Soy gallego, lo cual me exime de tener que describirme con claridad.