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Opinión

Viajera

por Vasilica Mocanu

Desde siempre nos han hecho pensar que pertenecemos a una nación, aprovechándose de eso y dividiendo nuestro mundo en trozos pequeños, siguiendo la antigua máxima de “divide y vencerás”. Y nos lo creímos, luchamos por nuestra patria, vivimos por ella y morimos por ella, como si no hubiese otra opción posible. Se convirtió en nuestro universo, nuestro dolor y nuestra religión, y creemos en ella como si nada más importase. Dondequiera que vamos la llevamos con nosotros, herencia ancestral que nos fue dada en forma de guerras y revoluciones. Nadie ha querido impugnar su valor inconmensurable durante años y años, incluso si en algún lugar de nuestro corazón, siempre hemos sabido que hay algo que traspasa todas las fronteras políticas.

Ese algo se llama humanidad y es, probablemente, el tesoro más ancestral que se nos ha dado. Puede que sea ese el motivo por el que se le ha relegado al olvido enterrándola en una sepultura y sin lápida. Pero, como la vida no es más que una sucesión de puertas que se abren y se cierran, nuestra humanidad regresó de sus cenizas, más fuerte y más brillante, invadiendo nuestro universo con su luz deslumbrante.

Llegó a mí una mañana, dando un movimiento pecaminoso a tu pelo rizado. Sabía que los días que podía enredar mis dedos en él estaban contados, así que me decidí a vivir como una alma desvaneciente que sabe que su final está cerca. Y un lunes soleado, me dijiste que todo había terminado. Tu maleta estaba tendida en el suelo en medio de la habitación, toda tu vida en un metro cuadrado. Salté sobre ella y enrede por última vez mis dedos en tu cabello. Odiaba que pertenecieses a otra nación a la que se suponía que tenías que volver. Odiaba que ella pudiese reclamar más derechos sobre ti que yo, porque estaba segura de que nadie había amado tu cabello y tu alma como yo. Ese día comprendí que tú te fuiste y yo me quedé por la misma razón. Nos han hecho pensar que no podemos ser seres humanos completos en cualquier otro lugar, y lo dimos por hecho, y luchamos, y morimos por esa idea. Incluso habríamos muerto por ella si no hubiéramos entendido que somos sólo viajeros y que el amor no sabe de fronteras espaciales. A partir de ese momento, mi maleta siempre está abierta en medio de mi habitación, porque me transformaste en una viajera, baby.

Vasilica Mocanu

Soy Vasilica Mocanu, Vasi para los amigos y llevo 24 años en este planeta tan bonito y lleno de cosas que sorprenden al espectador a cada paso. Me gusta viajar, leer, escribir, cantar y cocinar, y si se pudieran combinar las cuatro sin peligro de accidentes, lo haría sin pensármelo ni un solo segundo.