Opinión

Los gallegos de Galicia

por Jon López

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Opinión

Los gallegos de Galicia

por Jon López

Somos: Primera persona del plural del verbo ‘ser’. También es una canción de Melendi, y fundamentalmente, se utiliza para preceder a una descripción. Porque así “somos” los gallegos, le damos mil vueltas a las cosas para ir ¿a dónde? Pues al mismo sitio que los demás pero de una manera más peculiar y original. Nunca respondemos con claridad y siempre dejamos la duda en el aire.

Personalmente, me considero uno de esos gallegos perfectos en cuanto a estereotipos se refiere. Cuando me piden que me defina: ‘No sé’. Cuando me preguntan en un bar lo que deseo consumir, no me decido y espero a que mi acompañante pida y digo ‘lo mismo para mí’. No sería la primera vez que mi cuerpo desea un café con leche pero acabo bebiendo un tercio de estrella (me temo que no soy el único al que le pasa)

Voy a presentaros a mi pueblo. Llamemosle Valdoviño, dijeron, aunque no este en ningún valle ni sea un lugar especialmente conocido por sus vinos. Tengo la teoría de que al que puso los primeros carteles de las carreteras se le fué mucho la pinza cuando aterrizó por esos lares y ya, por vagancia, así quedó. Puestos a ser justos le cuadraba mejor algo tipo Finisterre (fin de la tierra) pero unos romanos unos kilómetros más al Sur ya tenian registrada la marca. Tierra costera y perdida de la mano de Dios. imaginaros como está el tema, que en un pueblo colindante y vecino (Cedeira) se dice, se cuenta, se rumorea, habla la leyenda, que en una de sus parroquias bien conocida y famosa por albergar los acantilados más altos de Europa, se encuentra el cáliz de Cristo, el Santo Grial. Cosa que no me extrañaría en absoluto, ya que es el mejor sitio sea para esconder una reliquia ancestral sea para que la mafia, la camorra y la n’dranguetta se deshagan de sus respectivos cadáveres sin levantar sospechas.

Tenemos una climatología muy pero que muy estable, es de las mejores cosas de Galicia. Llueve todos los putos días durante 10 meses al año, si hay algo más estable que eso, hacédmelo saber, porque no falla. No nos abandonan tampoco las típicas brumas matinales (que me río yo de Londres). Quien quiera ver niebla que se acerque a cualquier punto de la costa y espere como en menos de 2 minutos es engullido por una densa nube blanca como en una de las películas más terroríficas de los años 70 (que no acojonaban una mierda, pero os podéis hacer una idea). ¿Y que decir del viento? las rachas rara vez bajan de los 90 km/h y todos los registros inferiores a esas cifras son considerados como “leves inclemencias” típicas de la zona, como dulces caricias de brisa que penetran con sigilo en nuestro rostro.. Suena romantico ¿verdad? En verdad son puñales que impactan en nuestro “jeto”, que provocan dolor de cabeza y, esto es completamente veridico, hacen aumentar los indices de suicidio.

Después, durante esas dos semanas contadas de verano que podemos disfrutar tienes que aguantar que venga un mesetario de secano y diga esa peculiar frase de: ‘¡Qué bien se está en Galicia!’ .Y tienes que reír la gracia, oye. Me cago en tu estampa, bien estás tú cebándote a percebes y bebiendo litros de Estrella Galicia en una terraza a las 5 de la tarde con unos agradables 25 grados. Vente en enero y hablamos.

Todas estas duras condiciones han forjado a una estirpe de valientes y rudos habitantes, algunos más que otros. Cosa que puedes saber si vas en sudadera “a pelo” una grisácea, oscura y taciturna tarde, o si por el contrario, llevas media temporada de otoño/invierno de ‘Bershka’ encima. Lo que te demostrará que, posiblemente, tienes un bisabuelo de Málaga.
Pero no os penséis que es todo dureza. Somos gente de lo más sensible con nuestra característica “morriña”. Todo galaico que pase más de una semana sin pisar un charco al salir de casa o sin apreciar las tonalidades verdes en el relieve (los gallegos distinguimos más de 200 tipos de verde), queda sumido en un estado caótico de confusión, depresión y añoranza a todo aquello que maldice habitualmente. Yo mismo, cuando estuve en el exilio, confieso abierta y públicamente que me ponía vídeos en ‘Youtube’ de Pimpinela (con esa pegadiza canción en homenaje a nuestras tierras), me tiraba cubos de agua por encima de la ropa para no perder la hidratación del 300% de nuestra piel y buscaba castañas por los bosques norte-europeos como si no hubiese mañana.

Gente supersticiosa como la que más. Leyendas por 4 tubos y medio (si se permite la expresión). ‘As mouras’, ‘Bruxas’, ‘Meigas’, ‘La santa compaña’ y un sinfín de relatos. Quien no haya evitado pasar por un cruce de caminos a las 12 de la noche es que tiene un buen par de pelotas o no sabe realmente a lo que se enfrenta.

Podría narraros y describiros un montón de peculiaridades, pero para eso también está ‘Google’ y no soy yo aquí nadie para venir a joderles el imperio.

Jon López

Iba para John Dillinger, pero como está feo robar me quedé en Jon López. Soy gallego, lo cual me exime de tener que describirme con claridad.

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