Opinión

Justiciero de sofá

por Jon López

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Opinión

Justiciero de sofá

por Jon López

Bueno, bueno, bueno ¿Sabéis qué? Me estoy cansando un poco, así, a nivel general, de discutir (entendamos esto como un intercambio de impresiones) con individuos / sujetos que tienen menos luces que una lancha de contrabando. Cuando tú te sumerges en un diálogo, esperas que el receptor de tus mensajes haya abandonado ya los comportamientos pueriles. Ahora entiendo a la perfección a ese presentador de los programas de debates televisivos, donde un grupo de ‘trajeados’ se propinan descalificativos carentes de ingenio y propios de niños de 6 años. Al final, estos, acaban odiándote. Quizá os haya pasado alguna vez. Pero nada más lejos de preocuparos, debería satisfaceros. Su malestar para con vosotros es la prueba evidente de vuestra victoria aplastante.
Desde mi última participación en este espacio he mantenido varios, digamos ‘debates’ de toda índole y con dispares personalidades. Están aquellos, que a pesar de su disconformidad con tu opinión, es posible mantener una conversación inteligente. A los que no aguanto son a los típicos tertulianos “y tú más”. Todos conocemos a esa persona cuyo ingenio está limitado a cuatro frases, y constantemente las va repitiendo hasta que te das cuenta de que deberían de ofertar un FP para gente con pocos recursos argumentativos. Joder ¿Uno de tauromaquia sí y este no? ¿En qué puto mundo vivimos?
Ya me han dicho de todo: arrogante, borde, semidiós, catedrático, justiciero de sofá. Acepto la segunda (para ciertas personas) y la última, como animales de compañía. Y después de este preámbulo, el cual ya se me ha ido de las manos, me voy a quedar con “Justiciero de sofá”. Joder, me ha gustado. Y lo digo con toda la sinceridad que me caracteriza.

¿Qué es exactamente un justiciero de sofá? Bueno, yo, en mi caso, me tomo la definición como una persona que observa (muy importante), analiza (importante también) y opina (amparado por el derecho constitucional de libertad de expresión).

Estamos viviendo últimamente una época muy convulsa. Todos sabemos, que la misma, está producida por el estado caótico que vive occidente ante las amenazas de terrorismo y los recientes atentados de París.

Yo, como “justiciero de sofá”, me he tomado la libertad de opinar sobre las grandes masas hipócritas que nos rodean últimamente. Esos neo-indignados (como me gusta llamarles) que acaban de descubrir el terrorismo, y del día a la noche se conciencian profundamente llenando sus muros de “Facebook” con banderas de Francia, mensajes de apoyo que rozan la afectación más personal e íntima y la asistencia a manifestaciones para condenar este tipo de sucesos.

Que nadie piense tampoco que soy un pobre desalmando. De hecho, mi alma es tan pura, que me da hasta lástima que no seamos así de involucrados con otros países que sufren este mismo tipo de atentados macabros.

“Este es un mundo en el que Beirut, todavía convaleciente por los bombardeos un día antes que los de París, no aparece en la prensa. Un mundo en el que una bomba explota en un funeral en Bagdad y ni una sola persona actualiza su estado para que ponga Bagdad” (Karuna Ezara, bloguera hindú).

Esto, al parecer, tiene una explicación, que algunos investigadores se han tomado la molestia de hacernos comprender. Y es la del desconocimiento de otras culturas, lo cual crea una distancia psicológica que nos hace más difícil compadecernos de otras víctimas. Igualmente, este tipo de lugares no son reconocidos para nosotros como sitios de turismo masivo ¿Alguien conoce a algún colega que se haya ido al Líbano a dar una vuelta? ¿Quizá, tú, has estado de fin de semana romántico en Bagdad? Todo esto está muy bien, pero a mí me sigue pareciendo una simple palabrería. Realmente, creo que a la gente le importa una mierda lo que pase en París, lo que pueda pasar en Bruselas, y mucho menos lo que pase a 40 años luz de su casa. Pero la tendencia, ahora mismo, es la de ser solidario; “ ¿A dónde vas Vicente? -a dónde va la gente”

¿Cuántas veces habéis visto el tiroteo en “Le Bataclan” en los últimos días? Pues posiblemente las mismas que yo; unas 557,8 ¿Y del resto de atentados? Pues aproximadamente unas -221,1. Un nuevo logro de los medios de comunicación y su afán por ser parciales en la cobertura de las noticias internacionales.

He visto tantas cosas patéticas últimamente, que hasta me da repelús recordarlas. Podemos citar, así, en general: postureo emocional por doquier, hipocresía elevada a su máximo exponente, gente que confunde el tocino con la velocidad. He llegado a leer publicaciones en las cuales se afirmaba que se debería de quemar todas las mezquitas del mundo, haciendo gala de una ignorancia que a mí, como ser humano, me abochorna, que me ofende profundamente, ya no sólo por tener amistades que profesan esta religión, si no por lo poco que se molesta la muchedumbre en informarse antes de, como decimos en Galicia “botar a lingua a pacer”.

Asi está el panorama amigos/ as. Yo, visto lo visto, me parece que seguiré optando por ser un “justiciero de sofá”. Porque o sacamos las pistolas para defender a todo el mundo, o no las sacamos para nadie.

Jon López

Iba para John Dillinger, pero como está feo robar me quedé en Jon López. Soy gallego, lo cual me exime de tener que describirme con claridad.