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Opinión

Karma

por Jon López

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“Ley cósmica de retribución  o de causa efecto”
¿Qué bien suena, eh?
Si fuera visible, tangible, en fin… seguramente tendría la pinta del típico “sheriff” de las películas del oeste: barba de cuatro días, un millón de arrugas en la cara, revólver de cañón largo y muy mala hostia, sin embargo, yo creo que es un poco hijo de puta, a la par que selectivo, que no nos trata a todos por igual, que se ceba siempre con los mismos y que la parafernalia de “el karma no tiene que ser instantáneo” es eso, una puta parafernalia. Me estoy dejando llevar un poco por esa ira ya tan característica en mí y porque son las 9:00 AM y tengo un despertar de puta pena, pero sobre todo, porque este súper poder cósmico me tiene un poquito hasta la coronilla.

Y ahora que se me brinda la oportunidad, me gustaría compartir con vosotros un resumen de lo que ha sido para mí el último mes a través del siguiente supuesto:
Si mañana me planto en mitad del puto desierto de Arizona con 48º, cielos despejados, vientos de componente inexistente con fuerza 0,002, previsión de precipitaciones para los próximos 400 años de 0,0003 ml por metro cuadrado, a mí…me parte un rayo.
Esto me genera un estado de mal estar con el Karma, por no decir que me tiene hasta las pelotas. Son tantas ya las putadas que ni me acuerdo, de hecho, últimamente tengo que apuntarlas para que no se me olviden. Dispongo ya de una serie de escritos al respecto que van cogiendo forma de enciclopedia “Larousse” y puede, quizá, tal vez, me lo estoy planteando…que me tome la libertad de editar y adjuntar un DVD con la misma. Estoy esperando, de la manera más calmada y sosegada posible, a descubrir la dirección de envío para poder transmitir mi desacuerdo y disconformidad con las últimas decisiones que se están tomando sobre mi vida.
Espero que todo el mal estar que se me está otorgando sea devuelto a sus causantes multiplicado por 10. En eso consiste, ¿no? Y si no consiste en eso, sinceramente me la pela un poco, espero que eso así sea.

No sé si estos acontecimientos son producto de esta ley o realmente la vida me está puteando un poco, puede que sea una mezcla, o puede que cada uno se aferre a lo que le sale del níspero para intentar darle explicación a todo lo que le acontece. Una vez leí, una vez, por no decir hace dos semanas, en el espacio de un escritor y aventurero buen conocedor de África y su cultura, que el hombre occidental busca siempre un ‘por qué’ a todo lo que le sucede. Sabias palabras, así es, esto invita mucho a la reflexión. Siempre queremos una respuesta a una pregunta que no hemos hecho, siempre queremos buscar un motivo para un suceso, siempre queremos tenerlo todo controlado cuando, realmente, es imposible controlar ciertos acontecimientos.

Pero bueno, ¿quién no necesita aferrarse a algo? Al fin y al cabo todos los hacemos. Al principio lo haces con lo evidente, cuando esto no resulta intentas buscar un motivo azaroso y cuando esto tampoco te convence te agarras al primer clavo ardiendo confiando todo a lo desconocido, a lo intangible, divino, cósmico y universal. Pero en fin, consuelo de tontos, que también se llama. Esperar que la vida te recompense por tus malas rachas es como esperar que un búho se haga el París-Dakar en una Vespino y le saque 3 horas en la general a Marc Coma.

Pero es todo tan sencillo como cumplir sus doce leyes para que las cosas fluyan. Doce, ni más ni menos, no soy capaz de cumplir ni cuatro de los diez mandamientos, resulta que el Karma tiene doce leyes, tócate los cojones.

Bueno, chavalada. Espero que en mi próxima entrada mi suerte haya cambiado a niveles infinitos y para eso me voy a dirigir públicamente al cosmos, y en consecuencia al karma para decirle:

“Oh karma, yo te venero, recompensa a este blog con seguidores en el mundo entero.
Los colaboradores de este espacio somos buena gente, mándanos a un yate con putas decentes.
Confiamos en tu causa efecto, deja de jodernos… ¡maldito hijo de puta!”