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Actualidade

Lisboa da la bienvenida a los refugiados

por Fran Sequeiro

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12 de septiembre, estamos de pie en medio de la plaza lisboeta de Marques de Pombal, con el ardiente sol marcando las 12 horas. Realmente no sabíamos lo que estaba pasando y de que iba la protesta que estaba a punto de comenzar, nos sentimos un poco perdidos. Por suerte un colega vino al rescate y nos explicó que la toda la gente que se habia reunido allí con el fin de dar la bienvenida a los refugiados en Europa, que huían de la guerra, la violencia y la miseria.

Comenzamos la marcha por la Avenida da Liberdade, con los tambores que acompañan aplausos y gritos de la multitud. A pesar de no entender los vítores portugueses teníamos un sentimiento de pertenencia al grupo. Algunas de las personas que pasaban por allí en su coche tocaban la bocina o aplaudían apoyando la protesta pacífica. Otros mostraban con el dedo corazón su desacuerdo.

Una vez llegamos a Plaza del Comercio, dimos una vuelta por la estatua e hicimos un círculo. Al mismo tiempo, unos 15 manifestantes de extrema derecha llegaron a la plaza también. Casi de inmediato hubo una línea clara entre la izquierda contra la derecha, gritándose unos a otros. Muy pronto la policía tuvo que hacer una barrera alrededor de los manifestantes de derechas para protegerlos de los de izquierdas y viceversa. Así que no les quedo otra alternativa que insultarse mutuamente.

Nos quedamos muy decepcionados. ¿Por qué hacer un gran alboroto sobre esos doce hombres que no estaban de acuerdo con la causa? Era infantil cómo reaccionaban ambas partes. En Amsterdam (de donde somos), nunca he experimentado esto en manifestaciones. Por supuesto, también hay policía, pero su función se centra más en guiar a los manifestantes a través de las concurridas calles. Desgraciadamente hay un montón de racistas en muchos países, pero nunca los habiamos visto actúar así antes. En Holanda incluso te pueden arrestar si haces el saludo nazi.
Finalmente la policía escoltó a los manifestantes de extrema derecha fuera de la plaza. A partir de ese momento la protesta ya había perdido fuerza y todos se fueron llendo a sus casas.