Opinión

Así está el patio

por Jon López

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Opinión

Así está el patio

por Jon López

Estupefacto: Atónito, pasmado (RAE).

Tanto mindungui aprobando vocablos absurdos para esta ilustre academia y se les ha pasado ‘acojonado’ en la definición. Menos mal que yo la RAE me la paso por el forro. Pero así me hallo, muy acojonado. A niveles que en fin, rozan lo normal, por encima de cualquier tipo de razonamiento lógico, como cuando te dan dos hostias y no las ves ni venir (por lo que comentan, eh)

Dicen que un hombre inteligente no debe de meterse a opinar de política. Menos mal que yo no soy nada del otro jueves y me la voy a jugar. Ahora es cuando me arrepiento de no escribir bajo un pseudónimo. Soy un temerario, que le vamos a hacer.

Resulta que como ya os habréis enterado, están al caer las elecciones municipales. La mayoría conoceréis este evento por un coche rotulado que va por los pueblos con un megáfono tirando caramelos con el envoltorio del partido que corresponda. Yo por lo menos es lo que saco en limpio. Porque desde mi perspectiva de ciudadano normal y corriente que observa, eso es la política. Un caramelo con un envoltorio cojonudo,  hasta que lo abres y te toca el de piña. Ahí te llevas la sorpresa y te quedas jodido durante 4 años, recordando el puto sabor de una golosina.

Estos recientes días, así, por puro azar, me ha llamado la atención un detalle muy curioso. Los tíos más quinquis que he conocido en mi adolescencia, los míticos que pasaban de todo, eses que no eran modelo a seguir ni para la mafia calabresa, parece ser que ahora son los que van en listas de partidos políticos. Pero no de suplentes y esas cosas. En el top del top, al pie del cañón, “tête de la course” (dirían en el tour de Francia), al rebufo de Hamilton en la última vuelta. Vale, basta.

A mi estas cosas me hacen reflexionar, no sé a vosotros. Obviamente, habrá gente muy preparada en todos los partidos para ejercer determinadas funciones o para ponerse al frente de una formación. ¿Pero y esta gente de la que hablamos? Estos futuros concejales y líderes que supuestamente van a llevar las riendas de un municipio. Me gustaría saber que clase de criterio se toma para asignarles un número. Yo lo veo así:

Llegas a una reunión:

-Buenas tardes, me aburro en casa y me han dicho que aquí puedo sentirme un semi Dios.

-Sí hombre.  Siéntate en una silla, que vamos a empezar.

– ¡A ver, gente! Voy a ir pasando unas cerillas. Al que le toque la más larga se lleva el premio, los demás iréis rellenando puestos en un torneo de ‘chinchimoni’ que va a tener lugar en el local social entre hoy y mañana. Por cierto: Está to’ pagao’!

Y así me imagino yo que los tíos/tías con menos idea de nada dirigen los cotarros, “easy”.

Luego nos extrañan temas como la corrupción o las malas gestiones. La gente no se hace más preparada por llevar un traje y una corbata. ‘Aunque la mona se vista de seda, mona se queda’. Vamos a tirar un poco de refranero español, que la ocasión lo merece.

Hay una cosa que se llama preparación. Yo no tengo ni puta idea de electricidad, tardo 20 minutos en pelar un jodido cable, por consecuencia, no se me ocurre ponerme a jugar con los enchufes de casa. Y esto se puede aplicar a todo. Joder, si no sabes hacer la o con un canuto ¿por qué intentas hacer el concejal? Y lo más acojonante… ¿por qué hay gente que te lo permite? Y le llaman a esto primer mundo. A mi llamarlo octavo ya me parece de ser muy generoso.

En fin, visto lo visto, yo estoy por presentar mi seria candidatura para alcalde. Me veo sediento de poder y liderazgo. Todo se contagia. Crearé una formación de individuos de todas las clases y edades, se otorgarán las posiciones según los que se vayan aproximando más a los dos últimos números del cupón de la ONCE del domingo. Nada de estudiar su valía o formación, eso son mariconadas. Llegaremos a la cúspide y después nos pelearemos por averiguar si ayuntamiento es con “ll” o con “y”. Cuatro años chupando del bote y algo más que contarle a tus nietos el día de mañana. Oye, es  una experiencia.

No quiero acabar esto con mal sabor de boca, porque al final voy a estampar el ordenador contra la pared que tengo enfrente. Así que invito a todos aquellos que se hayan enervado con esta ‘entrada’ a enviarme 1 euro a mi domicilio. Quiero cambiarle las ruedas al coche.

Jon López

Iba para John Dillinger, pero como está feo robar me quedé en Jon López. Soy gallego, lo cual me exime de tener que describirme con claridad.